Theme Stonem by Go-crazy.

Slice of life
Es un jodido blog y punto.

Otro de esos libros escritos para hablar de mí.

Nos vemos sólo de noche. Su orgullosa coquetería me avisa infalible de su llegada: siempre tropieza con algo. Es su modo de llamar a la puerta del tren fantasma.
Nos amamos con mucha intensidad, y la pasión aumenta con los días. Apenas hablamos pero nos emocionamos a cada instante. Mi cuerpo está mejor que nunca, me encuentro lleno de fuerza y energía. Mi corazón se escapa de su cubierta-prisión. Vuela por las arterias, instalándose bajo mi cráneo para convertirse en cerebro. ¡En cada músculo y hasta la punta de los dedos, el corazón! Sol feroz por todas partes. Enfermedad rosa de reflejos rojos.
Ya no puedo estar sin su presencia; el olor de su piel, el sonido de su voz, sus pequeñas maneras de representar a la muchacha más fuerte y a la más frágil del mundo. Su manía de no ponerse las gafas para ver el mundo tras el cristal ahumado de su visión lastimada; su forma de protegerse. Ver sin ver de verdad y, sobre todo, sin hacerse notar.
Descubro la extraña mecánica de su corazón. Funciona con un sistema de concha autoprotectora ligada a la falta de confianza que la habita. Una ausencia de autoestima peleándose con una determinación fuera de lo común. Los resplandores que produce Miss Acacia al cantar son los estallidos de sus propias fisuras. Es capaz de proyectarlos sobre el escenario, pero en cuanto la música se apaga, pierde el equilibrio. Aún no he descubierto qué engranaje tiene roto.
El código de acceso a su corazón cambia todas las noches. A veces, la concha es dura como una piedra. Por mucho que pruebe mil combinaciones en forma de caricias y palabras de apoyo, apenas consigo quedarme en las puertas de su misterio. Sin embargo, ¡me gusta tanto hacer crujir esa concha! Escuchar ese pequeño ruido que produce al desactivarse, ver los hoyuelos que se marcan en la comisura de sus labios y que parecen decir «¡Sopla!». El sistema de protección volando en dulces pedazos.

[…]

Nos amamos en secreto. Somos jóvenes, apenas tenemos treinta años sumando la edad de los dos. Ella es la pequeña cantante famosa desde su infancia. Yo soy el extranjero que trabaja en el tren fantasma.
El extraordinarium funciona como un pueblo; todo el mundo se conoce y los cotilleos van que vuelan. Los hay celosos, tiernos, moralistas, mezquinos, valientes e invasivos bienintencionados.
No me molesta tener que aguantar los rumores si con eso puedo besarla durante más tiempo. Miss Acacia, en cambio, no se siente tan cómoda y rechaza categóricamente la idea de que nuestro secreto puede conocerse.
Esta situación de semiclandestinidad nos iba muy bien al principio -nos creíamos piratas-, y la sensación mágica de escapar del mundo nos permitía mantenerlo.
Pero a medida que la gran sensación amorosa se confirma más allá del primer fogonazo, desembarca como un paquebote en una bañera. Entonces, uno empieza a necesitar espacio, cada vez más espacio… Por mucho que uno se deleite con la luna, también necesita del sol.

—Te besaré delante de todo el mundo, no arriesgamos nada.
— A mí también me gustaría besarte en pleno día y hacer como todo el mundo. Solo que, mientras que nadie nos vea, nos mantenemos a salvo de los cotilleos. No volveremos a vivir en paz si gente como Brigitte Hein descubre nuestro secreto.

Claro que el azúcar de las pequeñas notas que ella me esconde en los bolsillos es sabroso, y con gusto las deslizaría por debajo de mi lengua. Pero cada vez soporto menos tener que ver cómo se escapa por los intersticios de la noche cuando se acerca la aurora. La aguja de sus tacones, que marca el tempo de su alejamiento, reaviva mis insomnios. Me duele la espalda cuando despunta el día y los pájaros me indican que ya no me queda apenas tiempo para dormir.

Tras algunos meses, nuestro amor continúa creciendo, pero parece que ya no puede contenerse con alimentarse tan solo en los senos de la noche. Mandad llamar al sol y al viento, nos hace falta calcio para los huesos de nuestros cimientos. Quiero dejar caer la máscara de murciélago romántico. Quiero el amor a pleno día.

La mecánica del corazón.

Más o menos.

Tendría el pelo rojo a la luz y no muy largo, habitualmente recogido pero dejando colgar un mechón suelto a cada lado de la frente. Sería algo más alta de lo que yo soy ahora mismo y tendría unos grandes ojos color coca cola, con unas ojeras bonitas que a veces los acompañan, bajo los cuales adornarían su piel pálida un sutil caos de pecas claras desordenadas. Debería gustarle la música como a mí y sería muy tímida y vaga. Tendría una risa bonita, la cual nunca es demasiada y podrías escuchar horas, y, cómo no, habría de ir acompañada de una sonrisa de largo alcance y muy contagiosa, caracterizada por la gran sinceridad que le darían sus pequeños y mulliditos labios, que parecerían ser hermanos de sus orejas por el pequeño tamaño. Éstas últimas andarían posadas donde terminaría su cuello; suave, liso y perfecto. Provocador. Delicado. Delimitado por algún detalle colgado, que vaya con ella. Y escasos centímetros más abajo, tan provocadoras como su cuello, dos marcadas clavículas, una de ellas señalada por un lunar.
Más o menos, uno se puede hacer una idea.